
La actriz, guionista y directora Laura Mañá estrena su tercer largometraje tras
Sexo por compasión y Palabras encadenadas.
La cinta, una comedia negra con toques de realismo mágico, narra cómo
la economía de un pequeño pueblo depende de la muerte de sus visitantes
esporádicos. Y es que a San Hilario la gente va a morir. Ana Fernández,
Lluís Homar y Juan Echanove figuran en el reparto de esta singular
producción.
Planteada como una reflexión de la vida a través de la muerte,
Morir en San Hilario es una película amable, positiva pese a su (aparentemente) truculento tratamiento.
La película se rodó en Argentina, aunque tal y como afirma la
directora, "San Hilario podría ser cualquier pueblo perdido en medio de
la nada, ni siquiera está en el mapa". El proyecto se preparó en un
tiempo récord de dos semanas y el rodaje tuvo lugar en tan sólo 27 días
en sitios como San Carlos de Bariloche (Patagonia), Txlascala,
Humahuaca, Purmamarca y Buenos Aires.
No obstante, el realismo mágico, característica propia de la literatura
hispanoamenricana, se eha en falta en esta película en una dosis más
elevada.
San Hilario vivía de su espléndido cementerio y de
la habilidad de sus gentes para organizar los entierros más hermosos.
La gente viajaba a San Hilario a morirse a gusto. Las prisas y la
modernidad casi han dejado al pueblo sin trabajo y es por eso que,
ahora, esperan anhelantes la llegada de Germán Cortés.
Germán, un nuevo cliente, desea morir en el pueblo y esto permitirá a
sus habitantes esmerarse como nunca y, probablemente, remontar el
negocio.
Todo se complica cuando Germán muere antes de llegar a su destino y,
por error, los de San Hilario dan la bienvenida a un prófugo de la
justicia. Éste, por esconderse, no deshace el malentendido y asiste,
atónito, a la preparación de su entierro.
Una reflexión sobre la vida a través de la muerte, narrada en tono de
comedia y con pinceladas de realismo mágico. Su protagonista es Germán,
un personaje que aprende a amar la vida y a través del cual conocemos
el día a día de un pueblo, San Hilario, que vive de su cementerio y en
el que cada personaje simboliza una actitud ante la muerte.